El Líbano, un país pequeño pero estratégicamente ubicado en el Medio Oriente, ha jugado un papel crucial en el conflicto israelí a lo largo de las décadas. La complejidad de esta relación se debe a una combinación de factores históricos, políticos y geográficos que han convertido al Líbano en un actor clave en la región.

Desde la creación del Estado de Israel en 1948, el Líbano ha sido escenario de múltiples enfrentamientos y tensiones. La presencia de grupos militantes como Hezbolá, que tiene su base en el sur del Líbano, ha sido un factor determinante en la dinámica del conflicto. Hezbolá, con su ideología y apoyo de Irán, ha llevado a cabo numerosas operaciones contra Israel, lo que ha provocado respuestas militares israelíes y ha mantenido la región en un estado de constante tensión.

Además, la geografía del Líbano, con su proximidad a Israel y su acceso al mar Mediterráneo, lo convierte en un punto estratégico tanto para operaciones militares como para el contrabando de armas. Esta situación ha llevado a Israel a realizar incursiones y bombardeos en territorio libanés en un intento de neutralizar las amenazas percibidas.

El Líbano también ha sido un refugio para los palestinos desplazados, lo que ha añadido otra capa de complejidad al conflicto. Los campos de refugiados palestinos en el Líbano han sido, en ocasiones, focos de actividad militante, lo que ha exacerbado las tensiones entre los dos países.

En resumen, el Líbano, con su mezcla de factores internos y externos, sigue siendo un elemento central en el conflicto israelí, influyendo en la estabilidad y la seguridad de toda la región.