La invasión rusa de Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, ha generado un impacto significativo en los mercados energéticos globales, alterando profundamente las dinámicas de suministro y demanda. Este conflicto ha llevado a una reconfiguración de las relaciones energéticas, especialmente entre Rusia y la Unión Europea, su mayor cliente.

En el primer año de la invasión, los mercados energéticos experimentaron una gran volatilidad. A pesar de las sanciones, las exportaciones de petróleo ruso se mantuvieron relativamente estables, con Moscú redirigiendo sus envíos hacia Asia. Sin embargo, Rusia enfrenta dificultades para encontrar compradores para todo su petróleo, lo que la llevó a anunciar una reducción de la producción en marzo de 2023.

La dependencia europea del gas ruso, que había aumentado significativamente desde 2010, se redujo drásticamente, cayendo por debajo del 10% en enero de 2023. En respuesta, la Unión Europea lanzó el plan REPowerEU, que propone eliminar la dependencia de los combustibles fósiles rusos para 2027 y aumentar la participación de las energías renovables al 45% del consumo final de energía para 2030. Se proyecta que la capacidad de electricidad renovable en la UE se duplique entre 2022 y 2027.

El conflicto también ha acelerado la implementación de políticas que incentivan el despliegue de energías limpias y ha fomentado la búsqueda de suministros alternativos. La respuesta europea, combinada con un invierno moderado, ha proporcionado tiempo valioso para fortalecer los sistemas energéticos y proteger a los consumidores de la volatilidad del mercado.

En resumen, la invasión rusa de Ucrania ha desencadenado una transformación en el panorama energético global, impulsando a Europa hacia una mayor independencia energética y una transición acelerada hacia fuentes de energía más sostenibles.